He pedido a los reyes magos una lámpara, sí, sí, como
la de Aladín.
Tras leerme las instrucciones decidí pedir un deseo,
pero no se cumplio,
la tiré al suelo.
Maldita lámpara! Para algo que se suponía que valía...
Así que decidí
dejarla que se le sedimentasen el polvo y los pelos de
gato en su metal ajado.
Pasaron horas, días, semanas, meses,... hasta que un día
cuando uno
ya tiene todas las esperanzas puestas en la agenda del
cole, es decir
que como bien sabes lo que está escrito en la agenda
nunca se cumple,
cogí la lámpara sin fé de que nada ocurriera.
Formulé mi deseo, esperé,
nada... maldira basura!
Pero, no... sí! Ocurrió, tal y como prometen
esos...maravillosos eventos
del tuenti en el que lo reenvías, pides un
deseo y se cumple, sí.
Bajé la lámpara del estante, le quité todo ese
polvo, ya convertido en
roca, y me la guarde en la mochila.
Se la enseñé a mis amigos, aunque excépticos y
a regañadientes pidieron
un deseo.
Bendita lámpara.